Aunque con técnicas filosóficas de lucha puedo fortalecerme, explorando otros márgenes de mi interior, sé que ella tampoco la pasa bien, sufriendo un encierro que alcanza a tocarme con su dolor. Es difícil enviar fuerzas cuando lo sufro, pero escuchar el llanto de quien amo hace que mi pecho se infle de fuerza para decirle que todo va a estar bien.
Enviar ese espíritu de lucha me ayudó a reconocerme un poco más, entendiendo que debo estar bien para seguir: por mí y por ellos. Con todo, logré encontrar ese lindo sentimiento de familia que había olvidado, pudiendo transmitir que seguimos en carrera contra todo anochecer, por esos hijos que iluminan.
Familia e impulso por ese sueño de volver a estar juntos: porque el deseo transforma, da valor, acerca a la felicidad y completa. Y así puedo escribir ahora, incluso en esta soledad.