En este instante, como un golpe al rostro, reconozco mi vida: patética, cuasi poética, un sendero sin rumbo donde busco sin saber qué encontrar.
No sé qué puedo transmitir al dejar de ser ese “interesante” que alguna vez fui: ¿Qué hago? ¿Cómo estoy? ¿Quién soy?
Comprendo que un gran trabajo es la mera supervivencia dentro de estas paredes, labor que no interesa al afuera, donde impera la falta de entendimiento, de empatía y de necesidad de saber.
El simple deseo de seguir viviendo no es reconocido, porque la cotidianidad se devora por inercia, dejando todo en segundo plano.
Si vivir no puede ser visto ni valorado, el trabajo interno entre rejas queda incomprendido.
Así, los límites que no dejan ser y un futuro tan lejano solo dejan preguntas sin respuesta: ¿Qué hago? ¿Cómo estoy? ¿Quién soy?
2° año de condena
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