En este nuevo nacer ya no es la madre quien enseña, sino la vida en soledad la que golpea cada día para despertar. Muchas cosas aprendidas se han vuelto a desaprender, y con ellas llega la duda sobre lo cierto de lo vivido.
Un nuevo lugar, un nuevo comienzo; sin olvidar lo que somos, volvemos a crecer con pasos al amanecer, aunque a veces creamos que volvemos a caer. Cada historia se convierte en engranaje de lo que somos, armonizando lo vivido con lo que está por llegar.
Activados por lo nuevo que descubrimos en este territorio aún por explorar, buscamos conquistar y, en ese intento, construimos un sistema a partir de lo que fuimos. Lo de siempre nos enseñó a sostener, pero hoy, después de tanto soportar y funcionar, forjamos el sueño de volver a mostrar la fuerza en el andar, en ese viejo y entrañable mundo que sigue siendo un misterio por encontrar.
2° año de condena
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