Fluctúan mis emociones, como olas que chocan entre la distancia y los deseos que anhelo.
Algunas me hunden en la nostalgia, otras me elevan con la fuerza de lo que aún espero.
Los recuerdos y los sueños que guardo me empujan, guiándome por un sendero donde la lucha se mezcla con la esperanza. Cada paso es una prueba, cada pensamiento, un impulso silencioso hacia lo que busco.
Puedo reconocer mi miedo a perderme en la oscuridad, pero elijo enfocarme en la belleza que me acompaña aquí y ahora. Me aferro a ella, y con cada instante, siento que la vida me llama a avanzar.
Cuánto por hacer, cuánto por descubrir. Soñar se vuelve un acto de coraje, y ser yo mismo, sin máscaras, es la fuerza que me mantiene en movimiento.
2° año de condena
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