jueves, 28 de agosto de 2025

Alas desplegar

Desarman esa soledad,
completan el vacío,
dispersan la niebla,
apagando toda oscuridad.

Me arman en esa carrera,
con el fin de llegar,
y ese abrazo que calma,
poder conquistar.

Su crecer atrapa,
sus latidos guían,
sus vidas dan fuerza;
para mostrar la única luz
que deseo con ansiedad alcanzar,
para esa victoria lograr
y alas, como premio, volar.

Porque en ese cielo por volar
quedan muchas cosas por lograr.
Son sus alas las que ayudan a elevar,
sin límites... juntos a la par,
juntos, poder brillar.

16/04/22
2º año de condena

jueves, 14 de agosto de 2025

El globo vendado. Sueño de un 5 de agosto durante mi cuarto año de condena


Despierto a las 5 a.m. por un sueño del que no pude volver a dormir, ya que me despertó una gran carga emotiva que me movilizó. Estaba angustiado sin saber por qué.
Bastante sueño cargo en un día como hoy, en el que recibo la visita de mi querida madre.
Esta experiencia onírica tiene los condimentos justos convirtiéndose en digna para su análisis al mejor estilo de Freud con la interpretación de los sueños, cuál inyección de Irma.
Para que puedan tener en cuenta, voy por mi segundo año de la carrera de psicología en contexto de encierro. Creo poder poner en manifiesto algo de lo propio, en relación a mi manera de pensar al psicoanálisis, sumado a todo lo que el encierro genera y le enseña a mi vida. Puede que sea un poco escueto por mi falta de experiencia, pero puedo asegurar que esta acción puede aliviar mi estado de vigilia: al poder conocer un poco de eso no sabido que guarda mi inconsciente.
Con este preludio, encierro, lectura y descubrimiento me llevan a expresar en letras este sueño y la búsqueda de su sentido latente con ese gran abanico de significaciones que mi vida y contexto actual pueden dar.

Sueño: El globo vendado

Primer flash: Estoy caminando por la zona céntrica de Rosario en búsqueda de algo, de alguien, y me encuentro con siluetas. Estas son las de Gimena quien dejó de ser mi pareja hace un poco más de un año, y la otra sombra es la de un varón, como que fuese la silueta de su nuevo compañero de vida. 
Los veo ingresar a un edificio de mucho lujo y trato de ubicarme con las calles para luego poder volver. Puedo observar un cartel que indica la calle con el nobre, Urquiza.
Segundo flash: Vuelvo a ese edificio donde hay un hall de ingreso con sillones y una puerta de ingreso completamente vidriada con blindex. Ahí veo ingresar a Gimena con su pareja y a una amiga de mi infancia llamada Geraldine con sus dos hijas ya grandes.
En ese momento Geraldine queda por detrás y le digo que quiero ver a mis hijos. Ella sin problema alguno, me dice que le avisaba a Gime para que los traiga.
Tengo en mi mano un globo vendado (como se vendaba en la antigüedad a personas con dolor de muela) y busco esconderlo detrás de un sillón.
Tercer flash: En el suelo, en posición de canastita se encuentra Gimena abrazando fuertemente a mis hijos Fabricio y Antonela ( ella, Anto, es la única pequeña que tenemos en común) para que no se les escape. Ellos quieren soltarse y con más entusiasmo mi hijo, aunque Anto sólo me mira con vergüenza y sin entender mucho lo que está sucediendo.
Fabricio con gran desesperación, como cuidando lo mío, me dice que siempre me guardaron (y no recuerdo si la palabra era guardar o quemar) la Play y mi ropa; y en ese instante la madre les dice: …“porque se ponen así, ¿no ven que él les pegaba, los maltrataba?”...
Observo fijamente con mucha duda los rostros de mis hijos y noto que Fabri tiene casi la misma estatura que mi hija, cuando él es más grande de edad y estatura. De repente, mi hija se convierte en mi hermana pequeña a sus 7 u 8 años de edad y ese rostro como una imagen ya conocida, una mirada de alguna otra parte, en alguna otra foto hacen que me despierte con una cuota importante de angustia.

Análisis:

Un descanso diferente, donde me encuentro en la calle sin la sensación de haber estado preso, o de estar condicionado a algún beneficio (salidas transitorias o libertad condicional); no estoy en un espacio cerrado con muchas habitaciones, como un edificio o una pensión.
Un nuevo descanso sin ese pesar punitorio, pero con un sesgo de mi infancia y ese recuerdo de una de las casas en donde una vez viví, Moreno y Urquiza.
El sueño estructurado en actos se debe primeramente a que las vivencié como escenas, flashes de recuerdos condensados, y luego porque en esos momentos mis sentimientos fueron mutando, reviviendo varias sensaciones olvidadas, tomando un papel completamente importante en cada capítulo.
Al principio del sueño, me encuentro en la búsqueda desesperada de algo y luego aparece la imagen de mi ex pareja, sintiéndome extrañándola con tristeza y muchos celos por su nuevo compañero. Todo esto va mutando al amor hacia mis hijos, esas ganas de verlos y el asombro por la respuesta autorizada para acercarme a ellos; luego algo muy significativo, ocultar el globo vendado con gran desesperación.
Al final del sueño todo se volvió más enredado, sintiendo como propia, la emoción de mi hijo, la vergüenza y desorientación de mi hija, sumado al enojo contra Gimena; todo esto se mezclaba con mi esfuerzo por llorar, aunque solo logré un gesto teatral, sin lágrimas.
Para culminar, al ver la cara de mi hija disfrazada con el rostro de mi hermana, al que terminé reconociendo de una antigua foto, y eso generando al fin una angustia la cuál termina despertándome.

Tendría que escribir un poco de mí historia para que esto se  pueda contextualizar, pero sólo voy a dar importancia a algunos puntos de mi vida y de mis días para que esto se pueda entender, reconociendo algunos de los  factores que se suman en esa condensación para la formación de este conflicto psíquico expresado oníricamente:
  • Llevo un poco más de cuatro años privado de mi libertad y con esto, sin poder abrazar a mis tres hijos, lo cual es mi verdadera condena. A diario, me comunico telefónicamente con mis hijos más grandes, Celeste y Fabricio, que tuve con mi primer pareja.
  • Mi última ex compañera, Gimena con la que tuvimos a nuestra pequeña Antonela, me acompañó durante casi tres años en este encierro, hasta que todo se convirtió en una condena firme y muchas otras cosas flotaron haciendo que tome la decisión de alejarse y con ello, el no tener algún tipo de contacto con Anto, un acto que duele, que me angustia, sumándose a mi condena. Ese amor y odio hacia mi ex compañera por sus decisiones me acompañan en mis días. Una dualidad de aceptación y rechazo.
  • Actualmente estoy en comunicación y conociendo hace varios meses a Geraldine, a la cual espero poder ver dentro de poco, alguien que trae un poco de luz a este encierro y a mi mundo de sensaciones y sentimientos (amores y temores). Hoy conozco sólo a dos personas con el nombre Geraldine: mi compañera, y una amiga de la infancia, quien aparece en el sueño y con la que nunca más pude conversar, ya que eligió la distancia debido a lo que piensa sobre mi causa y posterior condena.
  • Mi hermana y yo fuimos criados desde muy pequeños con el esfuerzo y lucha de mi madre. La separación de mis padres sólo me dejó desconciertos y recuerdos violentos que marcaron mi yo subjetivo, mi identidad, la forma de identificarme con mis padres y la forma de ver al mundo en cuanto a mis relaciones, más que nada con mis hijos. Se fue y desapareció toda una vida para luego volver a comunicarse en búsqueda de un perdón (aceptada por mí, pero no por mi hermana) días antes de morir por un cáncer avanzado en plena pandemia covid-19. Toda una historia de novela para escribir en otro momento.

Puedo detectar tres detalles claves que cambiaron el curso del sueño, de disfrutar el encuentro con mis hijos hacia la fuerte angustia. Objetos, escenas condensadas y desplazadas llenas de significaciones (recuerdos asociados): 
  • El globo vendado: Cuando mi padre dejó de convivir con nosotros, en esos momentos de visitas, nos regaló una bolsa de juguetes usados. Mi hermana y yo estábamos más que felices pero mi madre no, cosa que termina ocultándolos para luego tirarlos. Lindos recuerdos por la travesura de jugar a escondidas con esa pistola de luces reparada con cinta.
  • El fuego: Tengo un vago recuerdo de mi madre y una fogata en el patio quemando ropa de mi padre, como quemando hojas secas.
  • La presencia de Fabricio como si fuese hijo de Gimena y el rostro de mi hermana: Recuerdo a un fotógrafo que ofrecía una foto enmarcada para amurar y nosotros con muy poco entusiasmo, tanto así que nuestras caras largas quedaron plasmadas en la pared del living. Ese era el rostro de mi hermana que aparece en mi sueño, haciéndome entender que Fabricio en esa última escena... soy yo.


Interpretación del sueño:

La angustia debida a ese repentino cambio de final se debe al reconocerme hijo, luego de ser padre en casi todo el sueño. El retorno de lo infantil irrumpe y me confronta con la figura de mi padre, la ausencia, y el temor de repetir esa historia con mis propios hijos.
Siendo un papá, escondo un globo vendado para que mis hijos no crean que les regalo un juguete roto, recordando mi niñez y el enojo de mi madre. Este globo aparece como símbolo de lo roto y lo oculto: un objeto que quiero ofrecer, pero que al mismo tiempo escondo, como si temiera transmitir a mis hijos algo dañado. La transformación final me muestra que, en el fondo, la angustia proviene de reconocerme en la misma situación de desamparo que viví en mi infancia.
Todo toma un giro repentino y estoy con mi hermana, cada uno con su personalidad, comunicándonos con nuestro padre en esa visita en la que mi madre no nos permite soltarnos por enojo o por protección. Revivo miedos, tristezas, ausencias y desconocimientos que quedaron guardadas como imágenes en mi memoria, haciéndome quien soy. Por mi historia, mi deseo siempre fue no ser como mi padre ausente, pero hoy y con esta condena terminé lejos de mis hijos, sin poder acompañarlos como quisiera, aunque me esfuerce con esa comunicación diaria; pero lo que más me angustia es el no poder hablar con mi hija más pequeña, prohibida por su mamá que no suelta o que protege.
Por más que reconozca que no soy como mi padre por el esfuerzo que sigo haciendo para reencontrarme con mis hijos, siendo presente como se pueda y se me permita desde este lugar, ese concepto religioso tan feo y oscuro de culpa aparece desde mi inconsciente, que mucho tienen que ver con el amor-odio naturales que nos constituyen como sujetos. Amor y odio tanto a mis padres como a mi ex pareja y ese sentimiento de culpa por no querer ser como la ausencia de mi padre para con mis hijos.
Acá surge esa palabra, “protección”: el cuidado de mi madre contra peligros, como la protección que dice realizar mi ex compañera sobre mi hija y con ello la prohibición de comunicación. Todo me genera gran desconcierto por esa elección unilateral que considero injusta pero que solo me deja en esa posición de espera y lucha con mis intentos de poder volver a escucharla como antes, y el miedo a ser odiado u olvidado.

Este análisis me permite comprender que lo que angustia no es solo el alejamiento de mis hijos, sino el riesgo de quedar fijado en la historia de mi padre ausente. El sueño me muestra la tensión entre la herencia recibida y mi deseo de ser distinto. Al ponerlo en palabras, la angustia se transforma en una vía de elaboración, que me salva un poco del encierro y que abre puertas a nuevos diálogos familiares que estaban en mi cabeza sin resolver.

Agradecido con una madre con esa necesidad de hablar por horas para ayudarme a calmar mi mente, luego de mi angustia, contándome sobre el pasado, y comenzando con esa pregunta: “¿Qué es lo que te acordás de tu padre?... vamos a hablar…” 

lunes, 11 de agosto de 2025

Intento verte hija

Hace ya un largo tiempo que no puedo verte y debo conformarme con sólo pensarte e imaginarte.
Son muchos los recuerdos que en mi mente te dan vida y mis ojos sólo pueden ver fotos que tengo guardadas como un gran tesoro.
Es muy poco lo que hoy conozco de vos: tus gustos, actividades, logros, disgustos,  dibujos favoritos, tu carita, tu altura. Me cuentan que estás alta pero no puedo llegar a dimensionarlo.
Escribo porque te reencontraste con tus hermanos quienes me contaron que la pasaron bien. Esto me alegra mucho y a la vez me entristece por tantas otras cosas más que pasan por mi cabeza al extrañarlos demasiado.
Los ojos que te ven ya no son lo míos. Son el sol cuando amanece, son la luna y sus estrellas cuando anochece; son tu abuela, tu tía y tu prima quienes a lo lejos te saludan al subir al colectivo escolar, son tus hermanos cuando comparten algún momento juntos.
No seré yo, pero una parte de mí te observa, con esas personas que nos aman y amamos en común.
Nunca voy a dejar de buscarte hija y quienes te ven, tienen una parte de mí cuando se acercan a tu corazón

Te amo tres millones Anto.

10/08/25
4º año de condena

Miedos

Muchos miedos pasan por mi cabeza. Creo que tantas dudas nacen de este lugar, de esas preguntas sin respuestas que desarman. Podría soltar y dejar de pensar para no temer, pero no puedo; mi supervivencia se ata a la necesidad de analizar cada instante. Tengo tiempo de sobra para repreguntarme todo, y a veces creo que las pocas respuestas que encuentro son las correctas. ¿Podré equivocarme? Sí, pero aún así sigo pensando… preguntas y más preguntas.

Y vuelvo a mí: ¿por qué miedos?

Todos construimos una coraza de fuerza y valentía para afrontar las disputas de esta locura, pero, consciente o inconscientemente, mostramos nuestras vulnerabilidades. Yo las noto, aunque otros las nieguen. Son miedos compartidos, mezclados con historia y personalidad, que se contagian sin permiso.

El temor se vuelve peligroso cuando no se reconoce ni se registra, cuando vive en constante explosión. Mis miedos, sin embargo, se sostienen con una tenue esperanza: miedo a que dejen de contar conmigo, miedo a perderlos, miedo a la soledad. Logro registrar mucho con una voz interior que me recuerda algo doloroso pero cierto: tengo miedo de vivir con tanta tristeza.


1º año de condena

Bagallo

Pausa para contar cómo me siento en este día, después de la visita semanal de todos los jueves.
Es un momento bello contar con la presencia de mi madre, con mucha charla y conversación sobre todos los problemas de la familia, sobre todo los económicos, que han llevado a reducir mi terapia a manera quincenal. Lo comprendo completamente; aunque lo que necesito generalmente no falta, mi bagallo.
Cuando se habla de dinero, mi mente se llena de imágenes de mi familia: mi madre, mis hijos, mi hermana, mi compañera… todos los que se esfuerzan para que yo la pase un poco mejor en este lugar. Estar preso no es para cualquiera, y si no se tiene ayuda, uno queda tirado.
No puedo asimilar no poder acompañar a mi familia económicamente, sobre todo cuando siempre fui alguien independiente. Ahora solo me siento una carga, y sé que lo seré por mucho tiempo más.
Aun así, estoy profundamente agradecido por lo que hacen por mí, con la grandeza de saber que, a pesar de no tener la olla al final del arcoíris, deciden seguir acompañándome.

El miedo es la ficción que especulamos, cuando sorprende lo bello con lo que contamos.

1º año de condena

jueves, 7 de agosto de 2025

Intercambio

Camino por pasillos, intentando compartir lo logrado en este comienzo de idea en el que me propongo escribir diariamente, en búsqueda de paz y de algún efecto futuro.

Hay compañeros con quienes me agrada intercambiar bellas expresiones, llenarme de nuevas ideas y crecer enfocado en distintos puntos de vista. Algunos se sienten identificados y hablan de lo lindo y real que es poder escribir desde el corazón. Las cartas a las familias son mágicas, llenas de sensibilidades; una madre, una hermana, un hijo pueden leerlas y sentirnos cerca, como si nuestras palabras fueran hologramas que atraviesan el tiempo y el espacio.
Otros opinan que estaría bien arrancar más crudo, hablando del frío de este lugar. Pero yo no puedo retroceder; prefiero contar lo que mi alma dice. Mi escritura es mi verdad, y no puedo callarla, por más que el mundo sugiera otro camino.

No debemos naturalizar la cárcel, debemos crear un lugar donde podamos en calma estar.

1º año de condena

Al compás de mi sentir

Gracias a tanta terapia puedo llegar a entenderme… o al menos creo que puedo. Encontré la forma de dar un buen uso a ese espacio donde puedo hablarme.
Muchas veces olvido que hay otra persona frente a mí. Hablo, me escucho, repregunto, indago en lo profundo y me respondo; todo un monólogo. Pagaría por verme en ese espectáculo.
Pasa el tiempo, me analizo en cada etapa de la terapia y puedo conocer a quien me acompaña y me acompañó desde que llegué, desde que me ubicaron bajo esas anchas paredes.
Estoy siempre angustiado; tendré que buscar la definición clara de ese sentir, pero la angustia siempre está conmigo, sosteniendo mi mano.
El psicólogo me dijo una vez: “No estoy para trabajar contigo, Daniel, sino con tu angustia”.
¿Y qué debo hacer? ¿Cómo debo hacerlo?
Muchos planteos en terapia pude responderlos, y por eso hoy decidí transcribir mis pensamientos para sentirme un poco más aliviado. Encontrar la escritura como terapia no es novedoso, pero puedo decir que es sano.
Todo esto siempre me costó porque nunca tuve ese hábito. Nunca fui bueno con la literatura y, en la escuela, solía usar estrategias para aparentar interés: “Una historia bastante interesante…”, decía.
En mi formación académica, siempre escuchaba con atención al docente, tomaba nota y con eso rendía; y no me iba mal.
Pero sobre escribir… ni hablar, pésimo.
Aun así, encontré una pequeña habilidad que, aunque pueda ser criticada, elijo usar para apoyarme en esas letras como un airbag, para que el dolor sea un poco más leve.
¿Y cómo descubrí que el conjunto de letras podía ser un apósito para mis heridas?
El encierro de los primeros días, como “adaptación” a un espacio tan pequeño, sin más que un inodoro y un lavamanos, te achica completamente el universo. La puerta cerrada las 24 horas del día, la ventana con sus mallas de hierro que oscurecen más que iluminan, deja pocas opciones.
Recurrir a la lectura de lo que encuentres y conseguir un papel con una birome es mucho. Qué mejor lugar para aprender a golpes este juego de lectura y escritura.
Llegué a entender cómo hacerlo: no importa el orden, la estructura ni cómo decirlo, sólo debo plasmar lo que mi cabeza piensa. Pensamientos que van y vienen, que se entrelazan y a veces nada tienen que ver con nada; pero no hay que ocultar nada.

Mi mano diestra sólo se mueve al compás de la melodía de mi sentir. 

1º año de condena

viernes, 1 de agosto de 2025

Ellos están bien

Estar mal por estar obligado a un lugar, y a la vez sentirme bien en él, es parte de mí. Esta contradicción me permite dudar, replantear y criticar, enfrentando cada día con aceptación o rebeldía.
Los días son constantes luchas para sobrevivir, y aprendo a usar estrategias para atravesarlos, como si fuera un reality donde solo debo vivir para ganar, aunque la tristeza se haga presente.
En terapia trabajé para pensarme y avanzar, reconociendo lo que siento y volviendo a ser sujeto, aunque el sistema intente convertirme en una cosa.
A veces, solo pensar en mí me vuelve un tanto depresivo, como un payaso malo que aleja a los que amo. Me pregunto: ¿hasta dónde puedo pensar en mí para sobrevivir? ¿Hasta dónde pueden tolerar mis necesidades y palabras?
Lo que me da fuerza son mis hijos: los veo felices, rodeados de familia que los ama y cuida. Pienso en mi compañera, una gran mujer y mamá, con salud, trabajo y proyectos que abrirán puertas.
Ellos siguen adelante, viven, y por ellos debo seguir bien. Mis contradicciones chocan cuando pienso en exceso, pero me ayudan a registrar mis días y reconocer que sigo adelante.

1° año de condena

Todo lo que me hace dudar

Muchas veces pienso si lo que siento está bien o está mal. Luego comienzo a preguntarme qué significa estar bien y qué significa estar mal. Una puerta abre a otra y me pregunto: ¿estaré enloqueciendo o es sólo mi mente defendiéndose del encierro? Siento que las rejas podrían comenzar a tragarme.
Intento releerme y repreguntarme todo el tiempo. Creo que tengo los recursos para darme cuenta de lo que me pasa, pero la mayor parte del tiempo nunca lo sé. Escribo mucho para soltar, para dejar ir… pero no lo logro. Mi cabeza varía, y me permito ese exceso de reflexión.
¿Puedo olvidar toda esta locura? Busco momentos para reír, pero solo logran opacar un rato la tristeza, sin borrar la enredada confusión. Sé que el lugar en el que estoy me obliga a pelear contra la represión, contra la explosión de ideas, y aun así no logro reconocer a los fantasmas del encierro.
¿Quién puede decir si mis enojos, mis reclamos, mis sentimientos son correctos? ¿Por qué pienso tanto? ¿Debo dejar de pensar? ¿Debo exigir algo a la razón?
Y si logro expresarme, ¿lastimo a alguien? ¿O tal vez me lastimo a mí mismo?

1° año de condena

Calesita

Querer expresar la locura por tanto sometimiento
sin que puedan ver lo desordenados que están mis sentimientos.

Un recipiente a punto de explotar por demasiada presión.
Sobran los recursos para controlar la calesita sin timón.

A veces el dolor grita a boca cerrada,
mostrando la fuerza de mi cordura… inestable.

Poco espacio para caminar.
Chocando puerta y ventana, cemento y cemento.
Al grito silencioso de:
- ¿Qué puedo hacer?
- ¿Qué voy a hacer?
- ¡No sé qué hacer!

Ganas de insultar a quien sea.
A la nada misma.
Ganas de enfrentar a quien se cruce en mi camino.
Violencia que no soluciona.
Insoportable momento que marea con tantas vueltas,
ese surco que deja mi andar.

Gritaré fuerte en mi cabeza.
Caerán lágrimas sofocadas.

Locura que no se ve.
Locura que se ve.
Locura que creo que no se ve…
pero locura al fin,
que todavía puedo controlar
con tan solo saber pensar.


2° año de condena

Tu valentía

Linda sensación de paz al ver que estás presente en cada instante. Siento un aire de grandeza al contemplar la esencia de una mujer verdadera; eres mi felicidad al admirar tu belleza.

¿Cómo no estar agradecido por ese corazón lleno de amor que siempre me acompaña, incluso en los momentos más difíciles? Tu valentía inunda mis ojos con lágrimas de alegría.

El deseo de abrazarte sin límites, un impulso constante que anuda mi pecho, me hace revivir el recuerdo de nuestro primer beso, lleno de promesas y emociones infinitas.


2° año de condena

Alcanzó para condenar

No empezó con una prueba. Ni con una certeza. Empezó con un relato. Y con eso alcanzó. Hay algo que todavía intento entender. No desde la...