martes, 25 de noviembre de 2025

En el umbral de mí mismo: quien fui y quien estoy siendo

Hoy, como hace mucho tiempo, vuelvo a tener ganas de escribir. Quizás porque no me encuentro bien… o directamente porque no me encuentro.

Hay días en los que siento que no me conformo con nada, pero también sé que estoy en un lugar donde no quiero estar, y todo lo oscuro de este contexto cae sobre mí. Esa oscuridad acelera mi mente, me llena de ansiedad y me hace pensar tanto que a veces quisiera llorar o gritar, como si el cuerpo buscara decir lo que no me animo a mostrar, pero me detengo: tengo miedo de verme débil, o un loco; completamente vulnerable.

En esto noto esa tensión interna que Freud describiría como el conflicto entre lo que deseo y lo que la realidad me deja hacer. Una lucha entre lo que siento, lo que callo, y lo que me atraviesa. Está esa voz interna que me juzga, que me exige ser fuerte aun cuando todo es tan difícil por dentro, pero al mismo tiempo, y acá aparece lo que me sorprende, estoy viviendo días de felicidad. Junto a la sombra aparece también una luz que no esperaba volver a ver. Jung diría que en mí conviven fuerzas opuestas: la parte oscura que insiste y la parte luminosa que todavía busca sentido, y es cierto: me están pasando cosas hermosas que pensé que ya no eran para mí.

No me quedé estancado. Avanzo, crezco, aprendo y creo día a día.
Mis hijos crecen sanos y acompañados, cumpliendo metas que me llenan de orgullo.
Mi madre, firme en sus propias luchas, sigue viniendo con amor cada semana.
Mi pareja, una mujer muy bella en todos los sentidos que me acompaña con amor, cuidado y respeto.

Ellos sostienen lo mejor de mí, siendo el motor, el deseo que me empuja a seguir, recordándome que no estoy sólo en este encierro, que sigo existiendo en la mirada y en el amor de los otros.

Hay mucho para agradecer, hay tranquilidad posible, hay amor que me fortalece más de lo que digo, y aun así, dentro mío sigue esta dicotomía: soledad, amor, ansiedad, miedo; todas conviviendo, son partes de mí, fuerzas que tironean para distintas direcciones. Quiero llegar a todo eso que me espera afuera, quiero abrazarlo, quiero devolver lo que recibo.

Pero tal vez, y acá vuelvo a Jung, estoy en un momento liminal, un umbral entre quien fui y quien estoy empezando a ser. Una transformación que ocurre incluso en esta espera, incluso acá adentro.

Escribir es la manera de sostenerme, de reconocer que no estoy perdido... estoy en camino.

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