miércoles, 3 de septiembre de 2025

Esperado encuentro

Es algo impensado conocer tanto a alguien solo por el sonido de su voz.  
Ella no tiene nada de misterio y es cercanía, sombra y reflejo,  
como si nuestros caminos ya se hubieran cruzado en otro tiempo.

Horas de llamadas se hicieron meses,  
y cada palabra encendió emociones nuevas,  
hasta que el simple acto de escuchar se volvió un gran placer.
Las despedidas, entonces, se adelantan,  
porque sabemos lo difícil que es pronunciar un “hasta mañana”.
 
Nos entendemos como si fuésemos uno,  
tanto que asusta;  
y ella llega a decir: ¡alejate de mí!.
  
Extrañaba lo que aún no habíamos tenido,  
ansiaba lo que todavía no ha nacido.  

Podrían preguntarnos por qué no nos vemos,  
o creer que nos separa una distancia infinita;  
pero lo nuestro no cabe en esas explicaciones.  
Sí, hay muros, candados y un frío obligado,  
pero ni la distancia ha apagado los planes,  
ni las barreras han sofocado el deseo. 

Y al fin nos llegamos a ver... y nadie corrió...
¿Es amor? ¿Es locura?  
Quizás un compuesto de ambas.  
Ella trae rebeldía y ternura, fuerza y caricia,  
y al fin comprendí que todo era real,  
que todo es real.  

Son sus abrazos los que soñé tantas veces  
y ahora más que nunca me hacen falta.  
Es su belleza, su dulzura, su insensata ternura,  
lo que anhelaba conocer y hoy más extraño.  

Dos almas que se buscan como adolescentes,  
resucitando sentimientos que creímos perdidos.  

Sí, estamos un poco locos,  
pero es en esa locura donde elegimos vivir y soñar,  
atrevernos a proyectar algo nuevo, algo distinto.  
Y aunque sea arriesgado apostar a tanto,  
la locura nos regala la valentía de intentarlo.

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