martes, 23 de septiembre de 2025

La escuela en el pabellón: una anécdota de formación plena


Todo empezó con una mesa. Una mesa de chapa en medio de un pabellón recién inaugurado, todavía vacío de todo salvo de rejas y paredes. Allí nos sentábamos Iván y yo, con un par de libros que habían llegado gracias a nuestras familias. Leíamos como si estuviéramos frente a un examen, inventando una especie de universidad que no existía.

De pronto, un tercero se nos acercó y lanzó la pregunta que cambió todo:

- Che, ¿nosotros también podemos estudiar?

Lo miré, y al mismo tiempo crucé los ojos con Iván. Supimos que esa pregunta no era solo de él, sino de muchos. La imagen era tan simple - dos internos leyendo en silencio - y, sin embargo, tan poderosa que despertó algo en el resto.

No teníamos aulas, ni docentes asignados, ni materiales suficientes. Lo único que nos sobraba era tiempo. Decidimos llenarlo de otra manera: inventando clases, armando horarios, improvisando un “pabellón escuela”.

Él traía la experiencia docente; yo, mis estudios en niñez y familia. Nos complementamos sin pensarlo. Así, entre los dos, fuimos abriendo camino.

Comenzamos con lo básico: pizarras improvisadas, carteles colgados con orgullo, y la ayuda inesperada del capellán, que trajo fibrones y hasta algunos libros. Con el correr de los días, lo que parecía un delirio empezó a tomar forma. Venían compañeros que apenas sabían leer, otros que querían terminar la primaria, algunos que se animaban al secundario. Todos encontraban un lugar.

Recuerdo el brillo en los ojos de uno de ellos cuando pudo leer en voz alta su primera frase entera. O la ansiedad de los muchachos que corrían a la reja cada vez que los docentes traían un cuadernillo corregido. Era raro ver ese entusiasmo: por lo general uno corre a la reja por noticias judiciales, casi siempre malas. Esta vez, corrían para recibir conocimiento.

No fue fácil. Desde las autoridades llegaron respuestas duras: “los internos no pueden impulsar un proyecto”, “ustedes no pueden ser formadores”. Había quienes no sabían cómo encuadrarnos, como si estudiar siendo preso fuera un acto demasiado ambicioso. Pero seguimos. Redactamos el proyecto con estadísticas, objetivos y planificación, para demostrar que no era un capricho, sino un derecho.

De a poco, los prejuicios fueron cediendo. Los docentes empezaron a acercarse y trabajar con nosotros. Un día entraron unos trabajadores de Derechos Humanos y se sorprendieron al vernos enseñar en pleno pabellón. Nos pidieron permiso para sacar fotos. Fue extraño: por primera vez no nos retrataban como “presos”, sino como estudiantes y tutores.

Los logros se multiplicaron. Noventa compañeros pudieron promover sus estudios. Hubo quienes aprendieron a leer y escribir desde cero. Otros terminaron la secundaria después de años de abandono escolar. Y lo más importante: se transformó el clima del pabellón. Donde antes había violencia, apareció la convivencia. Donde antes había desesperanza, nació la palabra futuro.

El cierre de ciclo fue inolvidable. Ver a los compañeros recibir certificados, algunos llorando porque hacía años que no podían contar algo lindo a sus familias, fue una de esas escenas que se graban en el alma. Había un orgullo silencioso en cada gesto: habían vuelto a creer en ellos mismos. Y yo también me sentí con orgullo de vernos en esta aventura, sosteniendo juntos ese sueño que al principio parecía imposible.

Claro que no todo fue reconocimiento. Nunca nos dieron un certificado oficial como formadores. Para las instituciones, seguíamos siendo solo internos. Pero sabemos que ese “pabellón escuela” existió y dejó una marca imposible de borrar.

Hoy escribo estas líneas desde otro penal. El proyecto ya no sigue, pero vive en cada recuerdo, en cada compañero que aprendió a juntar letras, en cada sonrisa que se abrió al recibir un cuadernillo corregido. Vive también en la amistad y en la confianza que construimos con Iván, porque entendí que los proyectos más grandes no se hacen en soledad: siempre hay alguien que camina al lado, empujando contigo.

Y aunque afuera nunca figure en un acta oficial, yo lo tengo claro: ese fue nuestro acto de libertad.

jueves, 18 de septiembre de 2025

Palabras que son puente

En medio de la distancia aprendimos a reconocernos en las palabras. Cada carta, cada llamada y cada silencio son el puente que sostiene cuando el tiempo se vuelve más pesado que los días mismos.

Nos descubrimos hablando de miedos y de vértigos, de la intensidad de sentir demasiado pronto, y sin embargo elegimos quedarnos. Cerramos puertas para abrir esta, que nos pertenece y nos sostiene. Nos imaginamos en distintas escenas: unos mates, lectura, paseos, viajes, y la música de fondo para ese lindo baile... y ahí encontramos futuro.

No somos perfectos, estamos locos, pero aprendimos que amar no es esperar condiciones ideales, sino elegirnos aun en la distancia. En cada palabra compartida construimos un refugio más fuerte que cualquier límite exterior. Y lo cierto es que en medio de las incertidumbres, nos volvimos certeza.

El día que podamos encontrarnos sin barreras, sabremos que todo esto ya estaba escrito en nuestras cartas, guardado en cada desvelo y soñado en cada sonrisa que nos regalamos de lejos. Hasta entonces, seguimos siendo nosotros: auténticos, vulnerables y llenos de amor, sosteniendo con fuerza en que lo que sentimos trasciende cualquier frontera.

18/09/2025

Cele, felices 15 años (16/04/2022)

 
Hola hija, ¿cómo estás?

Dentro de todo lo que estamos pasando, estoy bien. Y eso se lo debo a ustedes, mis hijos, porque me dan la fuerza necesaria para seguir adelante y estar lo mejor posible en cuerpo y en mente.
Saber que están bien de salud, que avanzan en sus actividades y que pueden tomar decisiones propias, con firmeza y convicción, me llena de tranquilidad. Eso habla de lo fuertes y auténticos que son, y para mí es una alegría inmensa.

Hoy quiero acercarme a vos de una forma especial, porque cumplís 15 años. Sé que es una fecha muy importante y lamento no poder estar presente físicamente para acompañarte en este día que significa tanto para nosotros. Sin embargo, desde este lugar y con las pocas posibilidades que tengo, quiero que sientas que estoy más cerca que nunca. Te abrazo con todo mi corazón y te deseo un muy feliz cumpleaños.

Quiero que tengas la certeza de que siempre voy a estar para vos: para escucharte, sostenerte y acompañarte en lo que necesites. Aunque la distancia y el encierro marquen un límite, mi amor por vos no tiene barreras.

Seguí construyendo y deconstruyendo, aprendiendo y desaprendiendo, tomando decisiones y viviendo tus propias experiencias. Cada paso es tuyo, y cada crecimiento también. Yo, desde donde estoy, te acompaño con orgullo y amor.

¡Gracias! Te amo. Los amo.

Papá
16/04/2022

miércoles, 17 de septiembre de 2025

La búsqueda de lo real

Buscando con fuerza,
con los ojos bien abiertos,
con los ojos bien cerrados.

Como una especie de brújula,
observo con fuerza al cielo,
sin importar qué tipo de cielo.

Hay obstáculos que me lo impiden;
esos metales deben desaparecer.
Sigo haciendo fuerza.

No intento volar:
quiero la tierra bajo mis pies,
quiero la tierra bajo nuestros pies.

Deseando salir de mí,
atravesando todo en el camino,
sigo haciendo fuerza.

No sé si sea real lo que intento.
Deseo que sea real:
verlos con fuerza.

2° año de condena

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Cuando recuerdo

Todo se vuelve paz
cuando inunda el silencio,
con una noche agradable
y una brisa cálida en pleno invierno,
que despierta recuerdos.

Siento la soledad,
porque recuerdo extrañarlos.
Siento la soledad,
porque recuerdo amarlos.

Una gran necesidad presiona el pecho,
con la búsqueda de contención
y la ausencia del abrazo.

Personas aquí,
que acompañan a no recordar,
y así, con la pura inercia,
vivir para sobrevivir;
y así, el día a día
poder sobrellevar.

Personas aquí,
personas allá;
y mi corazón vive
cuando elijo recordar
a quienes quiero amar.

10/07/22

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Esperado encuentro

Es algo impensado conocer tanto a alguien solo por el sonido de su voz.  
Ella no tiene nada de misterio y es cercanía, sombra y reflejo,  
como si nuestros caminos ya se hubieran cruzado en otro tiempo.

Horas de llamadas se hicieron meses,  
y cada palabra encendió emociones nuevas,  
hasta que el simple acto de escuchar se volvió un gran placer.
Las despedidas, entonces, se adelantan,  
porque sabemos lo difícil que es pronunciar un “hasta mañana”.
 
Nos entendemos como si fuésemos uno,  
tanto que asusta;  
y ella llega a decir: ¡alejate de mí!.
  
Extrañaba lo que aún no habíamos tenido,  
ansiaba lo que todavía no ha nacido.  

Podrían preguntarnos por qué no nos vemos,  
o creer que nos separa una distancia infinita;  
pero lo nuestro no cabe en esas explicaciones.  
Sí, hay muros, candados y un frío obligado,  
pero ni la distancia ha apagado los planes,  
ni las barreras han sofocado el deseo. 

Y al fin nos llegamos a ver... y nadie corrió...
¿Es amor? ¿Es locura?  
Quizás un compuesto de ambas.  
Ella trae rebeldía y ternura, fuerza y caricia,  
y al fin comprendí que todo era real,  
que todo es real.  

Son sus abrazos los que soñé tantas veces  
y ahora más que nunca me hacen falta.  
Es su belleza, su dulzura, su insensata ternura,  
lo que anhelaba conocer y hoy más extraño.  

Dos almas que se buscan como adolescentes,  
resucitando sentimientos que creímos perdidos.  

Sí, estamos un poco locos,  
pero es en esa locura donde elegimos vivir y soñar,  
atrevernos a proyectar algo nuevo, algo distinto.  
Y aunque sea arriesgado apostar a tanto,  
la locura nos regala la valentía de intentarlo.

Te sueño despierto

Tan lejos como llegar al sol,
pero tan cerca como sentirlo.

Te pienso, te sueño, te deseo,
sabiendo de que siempre estás en mí;
hoy es más fuerte que nunca.

Despertar con ese sueño
es revivir recuerdos:
recuerdos que fueron,
recuerdos que son,
recuerdos que vendrán.

Todo con ese afán
y con esa ansiedad
de sentirte, mirarte y luego abrazarte.

Hoy te sueño despierto.

Es el tacto lo que me despierta,
ese recuerdo en el cuerpo
que ya te conoció.

2° año de condena

Alcanzó para condenar

No empezó con una prueba. Ni con una certeza. Empezó con un relato. Y con eso alcanzó. Hay algo que todavía intento entender. No desde la...